Cómo cuidar los cítricos en invierno

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Cómo cuidar los cítricos en invierno

Los cítricos, hoy tan populares en terrazas, patios y porches, necesitan ser protegidos o llevados a un lugar a cubierto en invierno, especialmente si son ejemplares jóvenes. Las orangeries de los palacios europeos tenían esa finalidad, en tiempos en que disfrutar de azahares y frutos de naranjos y limoneros era privilegio y placer de la nobleza.

Kumquats, limoneros, calamondines, naranjos en maceta se han convertido en los últimos años en una presencia habitual en terrazas, porches y patios. No son plantas que demanden demasiados cuidados, con una excepción: ser protegidas del frío y las heladas en invierno y la primavera temprana, especialmente si son jóvenes.

 

En invierno, el abonado de los citrus debe cesar y el riego disminuir. Un exceso de agua, frío o calor puede producir la caída de las hojas. Por lo demás, es el mejor momento para disfrutar del color y el sabor de sus frutos.
Muchas variedades de limoneros, por ejemplo, no resisten temperaturas que bajen de 10 grados. Y aunque hay especies que pueden soportar incluso 10 grados bajo cero, como el kumquat, no les resulta beneficioso. En climas de inviernos crudos, los citrus en general no se desarrollan bien y terminan por dar frutos escasos, pequeños y con gran cantidad de semillas. En España, Levante y Andalucía ofrecen un clima ideal para que estas plantas crezcan sin dificultades al aire libre; en el resto del país es conveniente sacar partido precisamente del cultivo en contenedores para llevarlas a cubierto cuando llega el frío.

 

Cómo cuidarlos dentro de casa

Los citrus deben situarse en un lugar muy iluminado, expuesto al sol preferiblemente, pero lejos de los radiadores: el calor y la sequedad de la calefacción los perjudican. En el caso de ejemplares grandes o plantados en el suelo, se pueden cubrir con unas bolsas de plástico especiales que encontrarás en los centros de jardinería (ver artículo).

 

Durante el invierno no se deben abonar y el riego debe menudear. Tanto el exceso de riego como de calor o frío pueden provocar una caída acusada de las hojas, ¡no te descuides! Por lo demás, disfrutarás de uno de sus momentos más espléndidos, ya que el invierno es la estación en la que la mayoría lucen los frutos maduros.

 

Una vez que ha pasado el riesgo de heladas, los ejemplares se pueden llevar nuevamente al aire libre. Lo ideal es colocarlos al sol en una terraza o porche orientados al sur. Deben regarse con regularidad, preferiblemente dejando que el sustrato se seque entre riego y riego. El encharcamiento asfixia las raíces. Es, además, el momento más adecuado para podarlos, si fuera necesario. En primavera y verano conviene fertilizarlos con un abono especialmente formulado para citrus para que den abundantes flores y frutos. Si el ejemplar se va a trasplantar a un tiesto mayor, mejor que sea en primavera.

 

La plaga más común que los afecta es la cochinilla (Coccus hesperidum), que se aloja en el envés de las hojas y puede aparecer sobre los frutos. Si no está demasiado extendida y el ejemplar es pequeño es posible eliminarla con un paño suave y húmedo y mucha paciencia. Los citrus ornamentales de frutos no comestibles se pueden pulverizar con insecticidas anti cochinilla; caso contrario, consulta el tratamiento más adecuado en tu centro de jardinería.

 

 

DE LOS AZAHARES, FRUTOS DE ORO

Limones y limas, naranjas dulces y amargas, mandarinas, pomelos, pequeños kumquats y calamondines e híbridos como el citrangequat y el limequat... El género Citrus ofrece una gran variedad de frutos que, aparte de su valor alimenticio, llenan de color las copas de hojas lustrosas y perennes. Y no hay que olvidar el azahar de primavera.

 

Citrus sinensis. La naranja dulce, de la que existen numerosas variedades. Es un árbol de lento crecimiento.

 

Citrus aurantium. La naranja amarga, de azahar muy fragante.

 

Fortunella japonica y F. margarita. El kumquat (ver ficha), uno de los citrus más habituales en jardinería, se caracteriza por unos frutos alargados muy pequeños y aromáticos que se pueden comer con piel, crudos o en mermelada.

 

Citrofortunella microcarpa. El calamondín es un naranjo híbrido enano que produce pequeñas naranjas esféricas muy decorativas, con las que además se pueden elaborar mermeladas.

 

Citrus limon. El limonero, uno de los cítricos más cultivados en maceta, es, como el pomelo (C. paradisi), muy sensible al frío. Florece de forma más o menos continua, de manera que los frutos suelen coexistir con los azahares. Es de hoja grande y fragante.

 

Citrus medica. El cidro, toda una reliquia entre los limoneros, es conocido desde tiempos del Imperio Romano. Con la piel, muy rica en aceites esenciales, se elabora fruta escarchada y licores. La variedad ‘Sarcodactylis’, también llamada mano de Buda, produce extravagantes frutos con la piel en forma de largos dedos.


Información relacionada:

Ficha del Kumquat (Fortunella), Verde es Vida nº49, pág. 32 (ver en la web)

Proteger las plantas del frío, Verde es Vida nº62, pág. 46 (ver en la web)

 

Limoneros y pomelos son muy sensibles al frío. Cultivarlos en maceta facilitará su transporte a un lugar cobijado en las regiones de inviernos duros. Abajo, la Orangerie del Palacio de Versalles. Copyright: Kelly Ryer y Big Pilou

El sentido de las ‘orangeries’

El sentido de las ‘orangeries’

Las orangeries o invernaderos de citrus tienen su origen en los palacios del Renacimiento italiano, en cuyas loggias se cultivaban naranjos que así, bajo techo, podían resistir mejor el invierno.

A comienzos del siglo XVII, una florentina, Catalina de Médicis, llevó la costumbre a París, en cuyo Palacio de las Tullerías creó los célebres jardines, que incluyeron, naturalmente, un pabellón donde los citrus podían ser transportados en sus grandes contenedores cuando empezaban los fríos. Tener una orangerie se convirtió desde entonces en un signo de distinción en los palacios de la realeza y la aristocracia de toda Europa.

Son famosas la Orangerie de los Jardines de las Tullerías de París (las actuales, del siglo XIX, guardan las célebres Ninfeas de Monet) y las de los palacios de Versalles (en la foto), Schönbrunn (Viena), Peterhof (San Petersburgo) y Potsdam (Alemania). En España cuenta con una orangerie el palacio de La Granja de San Ildefonso, en Segovia.

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