Bayas de otoño

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Bayas de otoño

Estación de los frutos, el otoño es la época del año con mayor presencia de bayas en los jardines. Amarillas, anaranjadas, rojas, azules... por sí solas dan color incluso en el invierno. La mayoría son arbustos, pero también hay trepadoras y rastreras.

Desde el punto de vista botánico, la baya es un tipo de fruto carnoso, de piel fina y con semillas rodeadas de pulpa. Sin embargo, en jardinería se da este nombre a todas las plantas que se cultivan por las cualidades decorativas de sus frutos, independientemente de que sean comestibles o no.

 

Muchas de las especies que producen bayas son dioicas: los frutos solo se dan en el pie femenino.
Estos frutos decorativos se presentan en varios momentos del año, pero el otoño y el invierno son las épocas con mayor presencia de bayas en los jardines. Existe una gran variedad de especies vegetales con este tipo de fruto, especialmente arbustos, grandes o pequeños, perennifolios o de hoja caduca.

 

Arbustos llenos de color

Son numerosos los pequeños arbustos de bayas; además, muchos de ellos soportan bien el cultivo en maceta.

 

• Skimmia (S. japonica). Puede alcanzar el metro de altura y presenta hojas perennes y coriáceas de un color verde muy oscuro. Los capullos de flor son rosa oscuro y se abren en forma de perfumadas flores blancas a principios de la primavera. Los frutos maduran a partir del verano en los ejemplares femeninos (es una planta dioica) y suelen ser de color rojo, aunque hay variedades de frutos blancos (S. fructu-alba). Prefiere los suelos ácidos, una posición sombreada y humedad constante, aunque cuidando de no encharcar el sustrato. Ver ficha.

 

• Pernettya (P. mucronata). Las variedades que hay en los centros de jardinería son de pequeño porte, con numerosas drupas satinadas rosadas, blancas o rojas, que duran hasta la primavera; son tóxicas. Combina muy bien con el brezo, con el que comparte familia y gusto por los suelos ácidos, húmedos y bien drenados, y las exposiciones semisoleadas. Es dioica y forma matas rastreras (ver columna de la derecha).

 

• Acebo (Ilex aquifolium). Imagen de la Navidad, sus decorativas y punzantes hojas coriáceas, verdes o variegadas, contrastan con sus brillantes bayas rojas, amarillas o anaranjadas, que se dan en los ejemplares femeninos. Se trata de una especie de enorme valor ecológico (está protegida en estado silvestre), con multitud de cultivares femeninos y masculinos en forma de árboles y arbustos que pueden alcanzar gran tamaño. Su lento crecimiento permite el cultivo en maceta. Entre los variegados, en general de tonos amarillos o cremas, el ‘Argentea marginata’ luce hojas con borde plateado. Los acebos deben situarse a la sombra o en semisombra, aunque los variegados precisan sol. La tierra debe ser rica, suelta, bien drenada y no calcárea. Agradecerán cierta humedad ambiental, sobre todo si se cultivan en una terraza.

 

• Tejo (Taxus baccata). Se trata de una bella conífera de crecimiento lento pero muy longeva, cuya variedad ‘Fastigiata’ (columnar) puede cultivarse en maceta con éxito. Los ejemplares femeninos exhiben atractivos frutos que al madurar se vuelven rojos (las semillas son tóxicas). Los tejos necesitan un suelo húmedo, fresco y calcáreo, y emplazamiento a la sombra o en semisombra.

 

• Madroño (Arbutus unedo). Este gran arbusto se puede cultivar en maceta durante unos cuantos años. Sus hojas son perennifolias, ovaladas, con el borde aserrado y de un color verde intenso. Las flores, en ramilletes, son blancas y dan paso a frutos redondos muy decorativos, de tono rojo anaranjado y comestibles; tardan un año en madurar, por lo que el madroño luce a la vez en invierno los frutos y las flores del año siguiente. Prefieren la semisombra, pero resisten el sol cuando son adultos; aguantan bien el frío y necesitan suelos ácidos y relativamente húmedos.

 

• Nandina (N. domestica). También llamado bambú sagrado, es un arbusto de ramas arqueadas y aspecto ligero. Su floración veraniega, en racimos de flores blancas, da lugar en otoño a ramilletes de frutos redondos y rojos (son tóxicos). Su follaje es rosado cuando es nuevo y se vuelve rojizo en el otoño; es persistente o semipersistente. Necesita cierta protección contra el sol más fuerte, pero en general es una planta bastante rústica. Se puede cultivar en maceta.

 

Mejor en el suelo

Sin embargo, quizás los arbustos más conocidos por la abundancia y belleza de sus frutos sean los de los géneros Pyracantha y Cotoneaster. A ellos se suman muchos otros que prefieren un cultivo en el suelo del jardín.

 

• Pyracantha. Las piracantas son muy utilizadas por su gran resistencia a casi cualquier condición de cultivo y su crecimiento vigoroso, lo que las hace muy adecuadas para grandes setos y amplias zonas con poco mantenimiento. La Pyracantha coccinea ‘Teton’ es una variedad enana, apta para macetas; ‘Orange glow’ y ‘Saphir’ dan las más copiosas fructificaciones.

 

• Cotoneaster. Entre los cotoneaster hay varias especies con frutos de color rojo. C. lacteus es un arbusto de follaje perenne, grande, de ramas arqueadas, ideal para setos y grandes espacios. C. horizontalis es rastrero, alcanza poca altura y resulta excelente para taludes y rocallas; es caducifolio. C. franchetti tiene un tamaño medio, porte arqueado y hojas perennes o semiperennes con envés plateado; se ponen rojas en otoño; produce menos frutos que los otros.

 

• Ardisia (A. crenata). Es un arbusto perennifolio de lustrosas hojas coriáceas, que produce flores blancas y aromáticas en verano y racimos de bayas color escarlata en otoño que se oscurecen al madurar. Se puede cultivar en jardines, pero es muy delicada: prefiere la semisombra, necesita un suelo muy rico, húmedo y bien drenado, y no soporta temperaturas por debajo de los 10 grados.

 

• Callicarpa. Los arbustos de este género se cultivan fundamentalmente por sus llamativos racimos de pequeñas bayas de color violeta. Las hojas son caducas y las flores rosadas. Los ejemplares suelen alcanzar de dos a tres metros; crecen rápidamente en cualquier suelo y no exigen grandes cuidados.

 

Atractivos, pero poco utilizados

Entre los arbustos menos utilizados pero muy atractivos está la mahonia (M. aquifolium) para situaciones de sombra densa, que da flores amarillas en primavera y bayas de color negro azulado desde el verano. Algunos rosales, como las variedades de Rosa rugosa y R. canina, destacan por sus escaramujos de color naranja rojizo, que son comestibles.

 

Amelanchier ovalis es un arbusto de hojas caducas que se ponen rojas en el otoño; da racimos de flores perfumadas y bayas rojas a negras azuladas. Las bolas de flores del Viburnum opulus dejan paso a corimbos colgantes con pequeñas bayas rojas brillantes.

 

Frutos del bosque en el jardín

También son sumamente decorativos los arbustos que dan frutos silvestres comestibles, los llamados frutos del bosque (ver Frutos del bosque en la terraza), como las frambuesas (género Rubus) y, sobre todo, las grosellas (género Ribes). Las flores de los groselleros son perfumadas y abundantes.

 

El arándano (Vaccinium myrtillus), por su parte, es una ericácea ávida de suelo muy ácido (pH 4-5), rico y húmedo. Sus frutos son rojos cuando están verdes y negros azulados al madurar. Las flores son blancas y el follaje, caduco. Es muy sensible al viento y al calor extremo; en climas calurosos preferirá la semisombra.

 

También son comestibles los frutos del saúco (Sambucus nigra), pero no se comen crudos (son laxantes) sino en mermelada, jalea, confitura y licores. Se trata de un arbusto grande o arbolillo de porte abierto y hojas caducas. Da pequeñas flores muy fragantes; los pequeños frutos negros brillantes surgen agrupados en racimos.

 

El saúco rojo (Sambucus racemosa) es una especie muy parecida a la anterior, pero de frutos rojos que aparecen reunidos en densos racimos (no son comestibles). Estas especies no son muy exigentes con el suelo, pero mejor si es rico y húmedo; requieren una exposición soleada para florecer.


Información relacionada:

• Frutos rojos en tiempos de cielos grises, Verde es Vida nº62, página 28 (ver en la web)

• Frutos del bosque en la terraza, Verde es Vida nº61, página 54 (ver en la web)

• Ficha de Skimia japonica, Verde es Vida nº62, página 36 (ver en la web)
 
• Ficha del Acebo (Ilex aquifolium), Verde es Vida nº59, página 36 (ver en la web)

 

 

Sus densos ramilletes de frutos anaranjados o rojizos y su gran resistencia han hecho muy populares a las piracantas (en la foto, la variedad Pyracantha ‘Teton’). Abajo, las bayas rosadas de una Pernettya mucronata. Copyright: María Losseau

Tapizantes y trepadoras que producen bayas

Tapizantes y trepadoras que producen bayas

También a ras del suelo se puede disfrutar del color de las bayas. Entre las plantas tapizantes, la Gaultheria procumbens da drupas de color rojo al llegar el otoño. Es una perennifolia muy resistente, con tallos rosados y hojas coriáceas verdes oscuras que viran a rojo en invierno. Como buena ericácea necesita un sustrato ácido, rico y bien drenado. Prefiere exposiciones umbrosas; si está al sol o en semisombra, el sustrato deberá estar permanentemente húmedo. Su pariente, la G. mucronata da drupas rosadas más pequeñas.

Las fresas silvestres (Fragaria vesca) forman un tapiz de hojas entre las que aparecen las diminutas flores y, desde principios del verano, los deliciosos frutos tan apreciados.

Aunque no abundan las trepadoras con frutos atractivos, Ampelopsis brevipedunculata, también llamada A. heterophylla, destaca por sus racimos de drupas de color azul brillante. Es una caducifolia resistente y muy vigorosa, que prefiere los muros orientados al norte o al este.

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verdeesvida nº 53