Llaretas: nubes verdes a ras del suelo

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Llaretas: nubes verdes a ras del suelo

Como el musgo, crece lentamente sobre las piedras: una masa orgánica verde en forma de nube o borbotones de espuma. A escala gigante, eso sí. La llareta es en realidad un denso arbusto de follaje perenne en forma de minúsculas rosetas. Una rareza producto del Altiplano sudamericano, que hoy se utiliza en jardinería.

Más que crecer, la llareta parece derramarse creando formas globosas sobre la tierra rocosa o las piedras del Altiplano andino, a una altura entre 3.200 y 4.500 metros… Un ser vivo brillantemente verde, modelado a tenor de un paisaje abierto y sin sombras, expuesto a una intensa insolación potenciada por la altitud, y a unas temperaturas y sequedad extremas.

 

Esta esforzada planta, que crece lentamente, es extremadamente densa, tanto que puede resistir perfectamente el peso de una persona sin hundirse.
En un medio así, el crecimiento no puede ser más que lento: se calcula que la llareta incrementa su volumen entre 10 y 15 milímetros al año. Por ello se estima que algunos ejemplares se incluyen entre los vegetales más longevos del planeta: ¡3.000 años!

 

Su nombre científico, Azorella compacta, alude a una de sus características más evidentes: es extremadamente densa, tanto que puede resistir perfectamente el peso de una persona sin hundirse. Toda una estrategia para reducir la pérdida de humedad y calor en una zona de noches tan frías, que va íntimamente ligada a su forma de crecer a ras del suelo y sobre las rocas, donde se asegura esos poquitos grados de temperatura que son capaces de conservar la tierra y la piedra por pura inercia térmica.

 

La llareta consigue su densidad mediante miles de ramillas muy finas que acaban en minúsculas hojitas verdes perennes —obligado en una planta que vive en condiciones tan difíciles— que desprenden un suave olor a menta. En verano produce diminutas flores amarillas autofértiles. Como curiosidad, esta planta comparte familia (Apiáceas) con el apio, la zanahoria y el perejil.

 

Lamentablemente, dada su densidad, contenido en resina y sequedad, esta planta tan esforzada ha sucumbido a la acción humana. Muchos llaretales han desaparecido para arder como combustible en las minas, los ferrocarriles y las viviendas.

 

Llaretas en el jardín

En un jardín de Bustarviejo, en la sierra Norte de Madrid, la llareta parece haber encontrado un hábitat propicio a más de 1.300 metros de altitud, entre rocas de granito y matas de coreopsis y rudbeckias, al amparo de un cercado de acero cortén. “La descubrí en el norte de Chile y pensé que en una zona alta, fría y seca de España la podría usar en un jardín”, explica el paisajista Miguel Urquijo. “Por su origen, necesita mucho sol directo y un suelo arenoso y seco que le asegure un drenaje perfecto. La humedad y la sombra no les van bien y terminan muriendo”. 

Acostumbradas a los sustratos pobres de su tierra de origen, en el suelo del jardín “las pequeñas llaretas doblaron su tamaño en un año, y al cabo de poco tiempo se habían fundido unas con otras y empezaban a trepar sobre las rocas”, cuenta.

 

 


 

 

Un llaretal al sur del Salar de Uyuni, en Bolivia, a más de 3.500 metros de altura. Esta curiosa planta crece entre las rocas formando masas tan duras pueden soportar el peso de una persona. Foto: Lon y Queta

Llaretas en Bustarviejo

Llaretas en Bustarviejo

Las llaretas del jardín de Bustarviejo, en la sierra de Madrid, diseñado por el estudio de paisajismo Urquijo-Kastner han doblado su tamaño en un año. En su hábitat originario crecen apenas unos milímetros anualmente dadas las duras condiciones de clima y altitud.
Foto: Urquijo-Kastner Estudio de Paisajismo

Una llareta en flor

Una llareta en flor

En la llareta todo es minúsculo: las rosetas verdes de su follaje perenne y las flores amarillas que emite en verano. Y todo densamente apretado. Las flores son hermafroditas y autofértiles.
Foto: iStock

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página 58

verdeesvida nº 75