Pérgolas y cenadores: rincones con encanto

Imprimir Imprimir  |  Enviar Enviar  | 

Pérgolas y cenadores: rincones con encanto

De ladrillo, madera, piedra, hormigón o metal, sólo se necesita instalar una pérgola o cenador en el jardín, amueblarlo y decorarlo, para crear un ambiente recogido e idílico en nuestra propia casa. Las plantas trepadoras harán el resto: rosales trepadores, glicinias, bignonias, clemátides...

Inspiradas en las estructuras típicas del jardín mediterráneo, las pérgolas representan una buena opción para ampliar la casa hacia el exterior y ganar espacios de calidad de vida. Se pueden utilizar para transformar una amplia terraza en un rincón acogedor, habilitar un porche sumamente agradable, o crear rincones encantadores dentro del propio jardín, estancias propicias para relajarse o comer en el exterior y, además, a resguardo del sol, la lluvia y el viento. Las pérgolas, quioscos y cenadores son estructuras ideales para lograrlo.

 

Las pérgolas no solo protegen del sol y el calor, sino que también sirven para crear zonas íntimas en el jardín. Los materiales, colores y formas multiplican las opciones.
Qué estructura escoger

Para escoger el modelo de pérgola más adecuado, conviene tener en cuenta, por un lado, los materiales que mejor se adaptan al estilo decorativo de la casa y, por otro, las dimensiones adecuadas en función del espacio disponible. También habrá que pensar en las variedades de plantas y flores más recomendables.

 

Si se dispone de poco espacio, lo más conveniente es optar por un modelo de pérgola a modo de porche, es decir, que se apoye en una pared de la vivienda. Pero, además, las pérgolas constituyen un excelente recurso para cubrir senderos.

 

Si se busca un diseño más ligero, se puede recurrir a los emparrados en arco, una solución idónea para crear paseos sombreados. Se trata de estructuras simples de hierro, de forma curva, que se pueden anclar directamente sobre el terreno mediante pernos a pilares de madera o hierro. Se unen unos a otros mediante distanciadores, también metálicos, en los que se enredan las plantas.

 

En el caso de tener espacio suficiente, se puede elegir otro tipo de estructuras independientes, y más completas, como los quioscos y cenadores. Se pueden colocar en el centro o un rincón del jardín, y ganar con ello un espacio para un comedor, una sala de estar o un chill out, protegidos del sol por lonetas, cañizo o plantas trepadoras.

 

Qué materiales elegir

Metales como el hierro y el aluminio, o la madera en una amplia variedad de acabados —pino, abeto rojo, nogal, caoba, castaño, pino—, e incluso pintada de colores: las posibilidades son muy amplias y decorativas, para adaptarse al ambiente que se pretende crear. Cualquiera de estas estructuras se venden en los centros de jardinería convenientemente tratadas contra la corrosión. Por ejemplo, los metales se acaban con un galvanizado y las maderas se tratan al autoclave.

 

Lo que condiciona sobremanera la elección del material es el estilo o decoración de la casa. El hierro o la forja, normalmente pintados con pintura de color grafito, suelen emplearse en ambientes de corte clásico, mientras que el aluminio, más ligero que el anterior, encaja mejor en espacios contemporáneos. La madera casa con cualquier estilo, pero sobre todo se suele utilizar en decoraciones más cálidas y rústicas. Una buena idea para crear un rincón acogedor y sofisticado consiste en remarcar el efecto decorativo de los quioscos de forja cubriéndolo con gasas o plantas trepadoras.

 

Todos los complementos

Las posibilidades de montaje y, por tanto, de formatos y dimensiones son casi ilimitadas. Los centros de jardinería son los que mejor podrán asesorarte sobre qué elementos necesitas. Pero, aún así, es importante que sepas que, además de la estructura, la pérgola o el quiosco exigen unos pilares de soporte —que pueden ser de piedra, madera, hierro, hormigón o incluso toba—, a los que van a sujetarse.

 

Existen diferentes tipos de cubiertas: las más sencillas pueden llevar esteras de cañizo, toldos o lonas impermeables (de poliéster recubierto con PVC) y enrollables, imprescindibles para crear zonas de sombra y proteger de la lluvia, el sol y la humedad. Es aconsejable desmontarlas durante el invierno, sobre todo en zonas donde acostumbra a nevar.

 

Pero si se busca una protección más eficaz y permanente, pueden usarse materiales más rígidos como madera, tejas de barro, chapa galvanizada, tela asfáltica o cubierta de policarbonato, un material que refleja los rayos del sol, evita el exceso de luminosidad y garantiza el aislamiento térmico. En los laterales de estas estructuras se suelen instalar celosías de diseños reticulares, en forma de rombo, con ventanas ovales... Están disponibles en múltiples tamaños: de 53 x 115,5 centímetros, de 177 x 177 centímetros... Pueden ser de PVC, madera, hierro... y aseguran una buena protección, no solo para completar una pérgola, sino también para crear un rincón acogedor y fuera de las miradas indiscretas. Además, sirven para sujetar jardineras o ménsulas, que suelen ir a juego.

 

Un alternativa más ligera a las celosías son las cortinas de lona perimetrales. Conviene elegirlas de Dralon y algodón sanforizado, tejidos que resisten bien la intemperie y no se decoloran ni encogen.


Información relacionada:

Trepadoras de flor, Verde es Vida nº55, página 28 (hemeroteca online)

Bignonias: coros de trompetas, Verde es Vida nº67, página 28 (ver)

• ¡Esto es florecer!, Verde es Vida nº63, página 28 (ver)

Una pérgola de madera, y un rosal trepador: perfecta para la entrada de la casa o un sendero sombreado. Copyright: Jess Beemouse

Las plantas trepadoras: un complemento indispensable

Las plantas trepadoras: un complemento indispensable

El carácter ornamental de estas estructuras de exterior depende también de una acertada y vistosa selección de trepadoras. Desde la clásica parra a una bonita bignonia, son muchas las que pueden lucir en una pérgola. Rosales y buganvillas, variedades olorosas como el jazmín y la madreselva, unos racimos colgantes de glicinia (en la foto), resultan muy apropiados. Tampoco hay que olvidar la hiedra, muy resistente al frío y tan densa que protege de las miradas indiscretas, o la pasionaria, que además brinda unos frutos muy decorativos amarillos o anaranjados.
Foto: Mille d’Orazio

A la sombra de un emparrado

A la sombra de un emparrado

La terraza de la casa de Pierre Bergé en el sur de Francia está cubierta por un emparrado de glicinias.
Foto: Hortulus

El color de la hiedra

El color de la hiedra

La hiedra ofrece una atractiva alternativa a las trepadoras de flor. En la foto, una parra virgen (Parthenocissus quinquefolia) en pleno otoño.
Foto: Mille d’Orazio

Reportaje completo

nº 49 >>
página 50

verdeesvida nº 49