Inspiración oriental en busca de calma (2ª parte)

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Inspiración oriental en busca de calma (2ª parte)

Hoy, la intención de los paisajistas es llevar los conceptos de la jardinería japonesa, especialmente, a su propio terreno creativo. Obedeciendo a una aproximación natural al entorno, plasmar sus proyectos con plantas autóctonas, naturalizadas o aclimatadas y respetar la historia del territorio. El resultado es más ecléctico, pero también mucho más interesante.

Esta búsqueda de conceptos e inspiración en el Oriente más lejano, y en especial en la extraordinaria riqueza jardinera de Japón, no es nueva. Pero es distinta. La definitiva apertura de Japón al mundo a mediados del siglo XIX disparó la fascinación por su cultura y, dentro de ella, por sus jardines. Pagodas, linternas, puertas tori, pero también puentes japoneses (el de Monet en Giverny, sin ir más lejos) comenzaron a verse en los jardines de Occidente.

 

Esa búsqueda de armonía en las plantaciones y con el entorno que enseña la jardinería japonesa implica seleccionar especies nativas o adaptadas al clima y al tipo de suelo del lugar.
Se difundieron, además, los exóticos endemismos del archipiélago y otras especies asiáticas habituales en sus jardines. Y con todo ello, un concepto de la jardinería marcado por el biomorfismo, las líneas orgánicas, redondeadas, cargadas de movimiento y asimetrías, que conseguían una aproximación más natural a la Naturaleza. Estos jardines aparejaban una morfología de senderos que invitaba a recorrerlos sin prisas, para acabar encontrando placenteras estancias intermedias o para disfrutar, en algún recodo, de un árbol en flor o de bellos espacios acuáticos. Un universo a pequeña escala donde el paseante podía encontrar una serenidad que proviene de una conexión directa con la Naturaleza.

 

La mayor parte de las veces, sin embargo, se conseguían unos jardines formalmente japoneses, pero demasiado estereotipados, sin alma. Hoy, la intención de los paisajistas es llevar estos conceptos a su propio terreno creativo, plasmar sus proyectos con plantas autóctonas, naturalizadas o aclimatadas y respetar la historia del territorio. El resultado es más ecléctico, pero también mucho más interesante.

 

El minimalismo y lo zen

Dentro de las influencias que la jardinería japonesa ha ejercido en los últimos años sobre la occidental destaca especialmente la de los jardines secos o kare sansui, que ha conectado fuertemente con el minimalismo arquitectónico y ha traído consigo toda una oleada de jardines zen, caracterizados por los espacios vacíos, las camas de grava, en algunos casos pequeñas áreas de césped, y escogidos pero escasos detalles —rocas, un árbol solitario, una pantalla de bambú— y, llevado al extremo, incluso las llamadas plazas duras, sin apenas vegetación, como espacios urbanos.

 

Esos kare sansui, que se remontan al siglo V, se popularizaron durante el período Muromachi (1392-1573), al extenderse el budismo zen en Japón. En los kare sansui, también llamados jardines contemplativos debido a que se empezaron a establecer frente a los cuartos de meditación de los templos budistas, solo se utilizan elementos minerales: arena y grava rastrillada, que representan el agua en forma de ríos u olas del mar rodeando islas o montañas, representadas por las rocas. El más famoso es el de Ryoan-ji, en Kyoto, creado en el siglo XV, que consiste en un mar de grava rastrillada del que surgen 15 rocas dispuestas en tres grupos, en islotes de musgo.

 

Dentro de la sabiduría zen, el jardín es un instrumento para conseguir una correcta percepción de la realidad sin que el pensamiento actúe como intermediario. Y el concepto de belleza se aleja de la ostentación para manifestarse en la sencillez de las cosas. En un párrafo del Libro del té, Okakura Kakuzo, historiador y célebre crítico del arte japonés de finales del siglo XIX y principios del XX, enunciaba: “El bienestar reside más en la simplicidad que en la complejidad y en lo superfluo; es una geometría moral porque define el sentido de nuestra proporción respecto al Universo”.

 

INFLUENCIA JAPONESA, ESPECIES NATIVAS

Los jardines japoneses expresan la transformación constante de la Naturaleza y por ello demandan un equilibrio entre las especies que se utilizan. Esa búsqueda de armonía en las plantaciones y con el entorno que enseña la jardinería japonesa implica seleccionar especies nativas o adaptadas al clima y al tipo de suelo del lugar. “En España nos sobran especies autóctonas para incorporar en un jardín japonés”, asegura el paisajista Luis Vallejo, un apasionado de la jardinería japonesa (ver entrevista).

 

“Desde arces oriundos de la Península, grandes deconocidos como el Acer campestre o arce común, y el arce de Montpellier (Acer monspessulanum), al pino negro del Pirineo (Pinus mugo) y el pino albar (Pinus sylvestris)”, señala. “La diversidad botánica en España es tan enorme que hay de todo: lentiscos, jaras, aromáticas, boj, incluso un rododendro de los Pirineos (Rhododendron ferrugineum), que es una belleza”.

 

En los jardines de este paisajista no faltan especies tan mediterráneas como el olivo, el granado, la encina, la sabina o el haya. Lo cual no quita que también plante delicados arces japoneses (Acer palmatum), aunque, eso sí, en el lugar apropiado, donde esté protegido de los rigores del calor. “Es clave contar con un plan previo, tener un sentido de la proporción y la escala, y dejarse asesorar por los centros de jardinería en la elección de las plantas”, aconseja.

 

El jardín más japonés que ha construido Vallejo es “por la manera en que está vinculado o integrado en la naturaleza en la que está inmerso”, el de Altarejos, en Extremadura. “Por su reproducción de un curso de agua es, en esencia, un jardín muy japonés aunque el contenido sea totalmente autóctono. Para mí es profundamente oriental”.

 

Ver 1ª parte


Información relacionada:

Entrevista con Luis Vallejo, Verde es Vida nº68, página 18 (ver en la web).

Jardines japoneses: comunión con la Naturaleza, Verde es Vida nº48, página 42 (ver en la web).

Jardines de Isamu Noguchi, Verde es Vida nº65, página 48 (ver en la web).

 

El sugerente Jardín a la luz plateada de la Luna de Haruko Seki y Makato Saito (Chelsea Flower Show 2008) buscaba “poner en valor la jardinería japonesa y también las futuras posibilidades del arte contemporáneo”. Copyright: Herry Lawford

Oasis de sosiego al estilo malayo

Oasis de sosiego al estilo malayo

En las citas del Chelsea Flower Show de 2010 y 2011, el equipo formado por David Cubero, canario, y James Wong, británico de padre malayo, crearon para Turismo de Malasia jardines tropicales inspirados en la arquitectura tradicional de ese país y su exuberante vegetación, con la presencia central del agua. Recibieron por ambos la medalla de oro de la exposición.
En el jardín de 2010 se basaron en la jungla y los jardines de los pequeños pueblos malayos para imaginar el patio acuático de la casa de fin de semana de una pareja de la ajetreada Kuala Lumpur. En él, un camino de losas rectangulares de caliza flotaba sobre el agua entre helechos arbóreos (Cyathea latebrosa) y el intenso verdor de otras plantas tropicales. Al cabo del sendero esperaba un modernísimo pabellón de madera con asientos blancos.
La forma sinuosa de un río y las plantas de ribera inspiraron el proyecto de 2011. En él, una plataforma suspendida prácticamente a ras del agua permitía crear un salón al aire libre con largos bancos de obra, bajo un cenador de madera oscura, un sosegado rincón pensado para ofrecer no solo calma sino también frescor en el mismo corazón de la capital malaya. Del otro lado de la lámina de agua llena de fragantes nenúfares se veía un jardín vertical, delante del cual caían leves chorros de agua. Los paisajistas proponían así una versión contemporánea de los típicos patios acuáticos malayos, tan estética como funcional.
Foto: Amanda Slater

La relajante presencia del agua

La relajante presencia del agua

Deslizándose en forma de río, canal o acequia, saltando en cascada, quieta como en la lámina de un estanque, o brotando de una piedra como en esta fuente del escultor y diseñador norteamericano de origen japonés Isamu Noguchi. En movimiento o en reposo, la presencia del agua nunca falta en un jardín de inspiración oriental.
Foto: Cloneofsnake

Los pasos japoneses

Los pasos japoneses

Se componen de losas de superficie plana separadas por un espacio suficiente para facilitar el paseo. Pueden aparecer por encima de láminas de agua, como un pequeño puente sobre un canal, pero también sobre una superficie de césped o recubierta de grava (como en la foto). Los pasos japoneses nunca faltan en jardines diseñados para revelarse paso a paso, pausa a pausa.
Foto: iStockphoto/ Valentín Triponez

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página 6

verdeesvida nº 68