Diseñar una terraza paso a paso

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Diseñar una terraza paso a paso

En principio, los conceptos básicos y el modo de enfocar el proceso de diseño y realización de una terraza no debería ser muy diferente al que se aplica en cualquier otro tipo de jardín. Pero estos espacios tienen características propias que hay que tener muy presentes. Aprovecha estos meses de parón en la actividad jardinera para pensar y planificar la terraza que estrenarás la próxima primavera.

Muchos de los conceptos que aparecen en el artículo Crear un jardín desde cero, paso a paso, que encontrarás en esta web (ver) son trasladables al diseño y realización de una terraza. Pero este tipo de espacios presentan también singularidades que hay que tener muy en cuenta.

 

El diseño de una terraza tiene muchos puntos en común con el de un jardín, pero también peculiaridades que deben ser muy tenidas en cuenta.
• Las terrazas son, por lo general, más pequeñas que los jardines.

• Pueden estar al ras del suelo, pero también en pisos o áticos, a una altura que varía desde unos pocos metros sobre el nivel de la calle a varias decenas.

• Están enlosadas, por lo que no disponen de un suelo vegetal sobre el cual trabajar. Hay que proporcionárselo con macetas.

• Lo más habitual es que estén muy en contacto con la vivienda. Normalmente su vista desde la casa es casi inevitable y su comunicación muy inmediata.

 

PASO 1: Trazar un plano

Lo primero que se debe hacer es estudiar cuidadosamente el espacio disponible, analizando especialmente los siguientes condicionantes:

• Forma y tamaño. Lo ideal es trazar un plano a escala: es el mejor modo de hacerse una idea clara de las posibilidades de un espacio. Mide bien y no te olvides de señalizar en el plano las puertas y ventanas, los enchufes, la toma de agua y los desagües.

• Materiales y colores. El color y la textura del suelo, de la pared de la casa sobre la que se apoya la terraza y de la barandilla o murete que la separa del exterior, influirán mucho en la estética y el ambiente que se pretenda crear.

• Orientación. Es importantísima, ya que el grado de insolación puede ser mucho más fuerte que en un jardín plantado en tierra firme; además, el suelo enlosado y las paredes de la casa recogen y reflejan mucho más la temperatura que la tierra. En el caso de las terrazas muy elevadas es fundamental tener en cuenta el viento, que puede convertirse en otro factor decisivo.

• Vistas. Otro aspecto que cobra una importancia enorme en el caso de las terrazas son las vistas: las que se quiere ocultar y las que se desea potenciar; las zonas que hay que preservar de las miradas externas, y los puntos de la terraza o del exterior que se verán continuamente desde el interior de la vivienda. Todos esto debe quedar reflejado cuidadosamente en el plano.

 

PASO 2: Deseos vs. realidad

El siguiente paso, indispensable en cualquier proceso de diseño, es reconocer nuestras necesidades y deseos para tratar de satisfacerlos atendiendo a nuestros gustos, sin perder de vista los siguientes detalles:

• Una terraza protegida del viento y del frío se puede usar durante un periodo de tiempo mucho más extenso a lo largo del año que un jardín. Si su tamaño es adecuado y su comunicación con la vivienda es muy buena puede convertirse en un comedor —hay barbacoas que son casi cocinas— o salón que se puede utilizar mucho más de lo que imaginamos.

• Si su tamaño es muy reducido como para plantearse grandes zonas de estar, seguro que sí se puede convertir en un espacio decorativo para disfrutar desde el interior. En ocasiones no es necesario más que un pequeño detalle bien elegido para crear un foco de atención.

• Si se desea una terraza por el placer de cultivar, hay infinidad de especies grandes y pequeñas que soportan o incluso agradecen el cultivo en macetas o jardineras. En tu centro de jardinería es donde mejor te orientarán sobre las plantas más adecuadas.

• Muchas veces es necesario dedicar parte de la terraza a trastero, cuarto de herramientas o tendedero, o a alojar aparatos de aire acondicionado. Es mejor tener en cuenta estos antiestéticos elementos antes de empezar a construirla, ya que de ese modo será más fácil encontrar la forma de compaginar estas necesidades prácticas con otras más lúdicas y estéticas, e integrar estos elementos en el diseño u ocultarlos de una forma hábil y discreta.

 

PASO 3: Distribuir el espacio

Cuando se tenga claro qué se puede/quiere hacer, solo queda barajar los recursos disponibles para lograr los objetivos:

• Establecer las zonas estanciales y de paso sobre el plano. Una terraza no necesita caminos, pero los pasos deberán ser lo suficientemente amplios y cómodos para resultar prácticos.

• Una de las grandes necesidades, y de los grandes problemas, de las terrazas es obtener áreas sombreadas para hacer más agradables las zonas de estar. Los toldos resultan muy prácticos, se echan y se recogen cómodamente cuando hace falta, pero tienen el inconveniente de retener mucho calor. Las pérgolas pueden constituirse en un elemento estructural capaz de dar sentido a todo el diseño; son muy decorativas y tienen la ventaja de que cuando se cubren con especies caducas, permiten el paso del sol en los meses de invierno y dan una sombra fresca en verano. Sin embargo, el cuidado de las trepadoras que las cubre puede dar bastante trabajo. Tener árboles para dar sombra en una terraza solo es posible en contadas ocasiones debido al gran tamaño y peso de los contenedores que se necesitan.

• En función del tamaño de las zonas de estar habrá que escoger los muebles. Tipo, forma y volumen dependerán del espacio disponible y el uso que se quiera dar a estas zonas.

• Ubicar los puntos especiales que van a ofrecer una vista agradable desde el interior y pensar qué tipo de elemento se querría utilizar para focalizar la atención: una fuente de pared, una maceta especialmente decorativa, una planta determinada.

• Ocultar las vistas no deseadas. Para ello se pueden utilizar arbustos grandes en jardineras o macetones que, además, refrescan el ambiente y amortiguan los ruidos y el viento; o celosías simplemente decorativas o para enredar trepadoras.

 

PASO 4: El riego

Lo siguiente que hay que prever es el sistema de riego. Mejor olvidarse de la fantasía de que una terraza se puede regar a mano porque es pequeña o porque no tiene demasiadas plantas: las que viven en contenedor son mucho más sensibles a la falta de agua que las que están plantadas en tierra. Si la terraza no tiene una salida de agua (incomprensiblemente muchos constructores no piensan en este detalle), normalmente se puede sacar una conducción desde la cocina o un baño. Se debe planear la ubicación de las masas vegetales o de las plantas aisladas teniendo en cuenta este factor. Lo más lógico es que la red de riego vaya pegada a las paredes de la terraza, ya que es la forma más fácil de esconderla y de que la tubería no quede en medio del paso. Si hay que poner alguna planta o grupo de plantas en el centro de la terraza se puede pensar en pasar la tubería por la red de desagües o por una pérgola o celosía. Si realmente no se puede acceder a ellas de ningún modo habrá que regar a mano y dejar un sistema preparado para los periodos de vacaciones. Ver el artículo Paso a paso: instalar riego por goteo en la terraza en la web. 

 

Una vez que todas las ideas están claras, solo queda ponerse manos a la obra. En muy poco tiempo se podrá disfrutar de una agradable terraza gran parte del año.


 Información relacionada:

• Crear un jardín desde cero, paso a paso, Verde es Vida nº54, página 48 (ver en la web)

• ‘Outdoor living’: vivir al aire libre, Verde es Vida nº64, pág. 6 (ver en la web)

• Paso a paso: instalar riego por goteo en la terraza, Verde es Vida nº58, página 56 (ver en la web)

Si la terraza tiene un tamaño adecuado y su comunicación con la vivienda es buena puede convertirse en un salón al aire libre para utilizar gran parte del año. Abajo, la terraza del spa del hotel Delano de Miami. Copyright: J. Jové/Arborètum y Delano

El peso y las humedades

El peso y las humedades

Dos aspectos de gran importancia a la hora de diseñar una terraza son la dificultad de utilizar elementos muy pesados y la posibilidad de provocar humedades en los pisos inferiores y colindantes.

• Elementos pesados. La imposibilidad de poner todo el peso que se quiera en una terraza condiciona sobre todo el tamaño de los contenedores y la cantidad de tierra, lo que influye directamente en el tipo y tamaño de las plantas que se pueden utilizar. Por supuesto que hay terrazas que soportan el peso de piscinas, praderas, casetas o jardineras de obra civil, pero son las menos y en general es un factor que hay que tener muy presente. Afortunadamente también existen soluciones: si hay elementos constructivos, la arcilla expandida se puede usar ventajosamente en vez de gravilla. Las macetas de resina de poliéster, que imitan perfectamente el barro y otros materiales, son muy ligeras y se comercializan hoy en gran cantidad de formas y tamaños. La tierra mojada también resulta pesada; la turba o los sustratos elaborados a partir de ella son mucho más ligeros que la tierra vegetal. El reparto del peso también es importante: normalmente los bordes y la zona de la terraza que está pegada a la casa son los puntos más fuertes, mientras que en el centro no es tan aconsejable cargar grandes pesos.

• Las humedades. Es fundamental tener cuidado de no dañar la capa de impermeabilización de la terraza. Cuando las plantas están en jardineras construidas, con el paso de los años las raíces acaban penetrando entre la impermeabilización y el material de construcción, de modo que resultan mucho más seguras las jardineras y macetas exentas. Elementos como las pérgolas o celosías deberán ir pegados al suelo y nunca atornillados ya que esto perforaría la tela asfáltica.

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verdeesvida nº 55