Cultivar tomates en maceta

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Cultivar tomates en maceta

Aunque el tomate llegó como ornamental cuando lo trajeron de América los conquistadores españoles en el siglo XVI y no empezó a consumirse de forma habitual hasta casi dos siglos después, hoy en día se ha convertido en la hortaliza más popular y difundida del mundo. Y en una de las más fáciles, y productivas, si se cultiva en maceta en una terraza o un patio. El premio: el sabor de un fruto madurado en la planta.

Cuentan que su color, rojo sangre, fue el responsable de que en Europa se resistieran a su consumo. De hecho, las variedades amarillas fueron las primeras en formar parte de nuestra dieta (por algo en Italia el tomate se llama pomodoro). Sin embargo, enseguida se convirtió en el rey de la mesa y del huerto.

 

El tomate (Solanum lycopersicum y Lycopersicon esculentum) es una solanácea rastrera que produce flores amarillas y frutos diversos en tamaño y forma, generalmente rojos, aunque los hay de tonalidades amarillas, rosadas, verde oscuro.

 

De cara al cultivo, la clasificación se reduce a dos tipos: determinadas, o de crecimiento limitado, e indeterminadas, de crecimiento ilimitado. Se cultiva a partir de semillas o de planteles (o plantones), y en ambos casos da buenos resultados.

 

Por planteles

Si se cultivan a partir de planteles, se plantan desde marzo en zonas de clima suave. En las más frías conviene esperar hasta abril si se van a plantar sin protección. Necesitan unos 40-50 centímetros de separación para crecer.

 

La siembra y germinación se realiza desde finales de enero en semilleros protegidos. Las plántulas se llevan al terreno cuando tienen entre cuatro y cinco hojas.
Se adaptan bien al cultivo en maceta, pero en contenedores amplios mejoran su rendimiento. “Tienen que soportar la envergadura de la mata y el tutor”, apunta Pere Salvatella, experto de Rocalba, empresa dedicada a la selección, producción y comercialización de semillas. Solo los ejemplares de mata baja pueden prescindir de los tutores “y son poco productivos”.

 

Si el clima es favorable, a partir de los dos meses del trasplante es posible empezar a obtener frutos. Y la recolección puede durar todo el verano, hasta que llegue el frío. Eso sí, “las variedades sembradas de forma temprana son más lentas a la hora de producir”, señala David Giné, experto de Semillas Batlle.

 

Por semillas

Si se opta por la siembra, debe realizarse desde finales de enero y siempre en semillero protegido, con máxima iluminación y manteniendo una humedad constante pero sin excesos.

 

Una serie de medidas básicas mejoran los resultados: “Sembrar a medio centímetro de profundidad en una bandejita perforada (para que el agua no se acumule en la base) rellena de turba; humedecer y guardar en un lugar cálido hasta el inicio de la germinación. Luego, sacar la bandeja al exterior, al sol, cubriéndola con un cristal a modo de invernadero, y meter en casa durante la noche”, explica Salvatella. Solo queda “trasplantar cuando las plántulas tengan 4-5 hojas”.

 

Cómo se cuidan

La temperatura óptima para su desarrollo oscila entre 20 y 30 grados durante el día y entre 1 y 17 grados por la noche; por debajo de 10 grados la planta no crece. Exige luz solar —en sombra la producción se resiente— y buen drenaje. El riego es clave tras el trasplante. Una vez bien establecida la planta conviene “dejar secar el sustrato entre riegos”, recomienda Giné. Respecto al abonado, hay que mantenerlo durante toda la etapa productiva.

 

Solo serán precisas dos tareas más: el entutorado y la poda. Se pueden utilizar cañas o palos como tutores, a los que habrá que atar los tallos. La poda consiste en eliminar los brotes laterales para dejar una o dos guías —tallos principales— por planta. “De ese modo se consiguen mejores frutos, más grandes, y una producción más adelantada”, apunta Íñigo Clemente, experto de Semillas Clemente.


Los tomates ‘Cherry’ son una variedad ideal para cultivar en espacios pequeños. Abajo, la tomatera a los 65 días. Copyright: Amanda y Nobusato

Recuperar el sabor

Recuperar el sabor

“Cualquier variedad se adapta bien al cultivo en maceta, pero no tiene sentido utilizar híbridos: han sido desarrollados para optimizar la producción”, afirma David Giné. “En el cultivo casero vale la pena primar el sabor sobre el rendimiento, y las variedades tradicionales lo garantizan. “Si son autóctonas, mejor”, añade.

• Los expertos coinciden en que son adecuadas para el cultivo en contenedores las variedades ‘Roma’, ‘Cherry’ (especialmente cuando escasea el espacio),‘Raf’, ‘Negro de Crimea’, ‘Marglobe’, ‘Marmande’, ‘Muchamiel’, ‘Tres Cantos’, ‘Valenciano’, ‘Mallorquín’.

¿Semillas obtenidas o compradas?

“Los plantones ahorran trabajo, pero el cultivo de semillas da excelentes resultados y es más económico”, indica David Giné; “no merece la pena arriesgar”. Una ventaja más: la variedad de semillas es mucho mayor; “suele haber poca en el caso de los plantones”, asegura Íñigo Clemente.

• También es posible obtener semillas a partir de los tomates que se compran para consumir. Sin embargo, los expertos no se muestran favorables. “La mayoría de los tomates que se comercializan son híbridos y su descendencia es muy irregular genéticamente”, apunta Pere Salvatella.

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página 54

verdeesvida nº 60