BUSCA TU CENTRO DE JARDINERÍA MÁS CERCANO

Cómo favorecer la infiltración del agua en el suelo del jardín

Una forma efectiva de reducir la necesidad de riego de los jardines es facilitar la infiltración del agua. Esto no solo garantiza el buen desarrollo de las plantas, también evita el despilfarro por escorrentía. Sin embargo, es frecuente encontrar terrenos endurecidos por un exceso de arcilla, el paso de maquinaria o errores culturales. Te contamos qué puedes hacer para descompactarlos.

Texto_ Gilberto Segovia, ingeniero técnico agrícola

Favorecer la infiltración del agua en el suelo del jardín y el huerto contribuye a reducir la necesidad de riego al evitar las pérdidas por escorrentía. Además, las plantas lo agradecen con un mejor crecimiento. En un suelo bien manejado, sus partículas —arena, limo y arcilla— y restos orgánicos se aglutinan en pequeñas unidades de unos pocos milímetros de diámetro, los llamados agregados. Gracias a su gran porosidad, los agregados pueden almacenar agua y nutrientes, pero, además, entre ellos quedan espacios por donde circula el aire y percola fácilmente gran cantidad de agua hacia capas más profundas.

Los suelos compactados

Cuando un suelo está compactado, todo ese material está apretado, es decir no tiene estructura o está muy deteriorada. Por lo tanto el espacio para la circulación de aire y el agua es escaso, a la lluvia o el riego les cuesta infiltrarse, y el agua circula por la superficie, provocando escorrentías y encharcamientos.

La compactación es un mal muy generalizado en nuestros jardines, bien sea por trabajos de construcción, tránsito de maquinaria y vehículos), o por un mal manejo del suelo por falta de labores culturales, exceso de laboreo con motoazada, suelo desnudo…
La compactación es un mal tremendamente generalizado en nuestros jardines, bien sea por usos previos (trabajos de construcción, tránsito de maquinaria y vehículos) o por un mal manejo del suelo (falta de labores culturales, exceso de laboreo con motoazada, suelo desnudo…).

Qué es la suela de labor

Con frecuencia, los suelos presentan una capa de terreno compactado a una cierta profundidad de la superficie, la llamada suela de labor. Suele ser la consecuencia de años de laboreo con cierto tipo de arados, es difícil de detectar, resulta impenetrable para el agua y las raíces, que no pueden profundizar, y genera numerosos problemas de cultivo.

Descompactar el suelo: soluciones

El primer paso es realizar un estudio para averiguar con qué suelo contamos. En los compactados será necesario romper el terreno y aportar materia orgánica o arena, en función del tipo de cultivo, para aligerar el terreno denso y mejorar su estructura. El espesor mínimo de descompactación necesario para un buen cultivo dependerá del tipo de plantas: 20-30 cm para el césped, unos 40 cm para las ornamentales, 80 cm o más para el arbolado.

La descompactación se lleva a cabo con medios que permitan resquebrajar el suelo duro hasta la profundidad deseada, pero siempre evitando invertir verticalmente las capas de suelo. Si se trata de superficies reducidas se pueden emplear herramientas manuales, como palas, picos o azadas. A partir de unas decenas de metros cuadrados vale la pena utilizar una excavadora o un subsolador, un tipo de arado que rompe verticalmente el terreno. Hay que tener en cuenta que la motoazada, de uso generalizado en huertas y jardines, solo profundiza unos 10-15 cm, no obstante la sensación, cuando está recién pasada, de que ha llegado más abajo; además puede generar suela de labor por el golpeteo de sus cuchillas en el fondo.

Incorporar arena de río

Para mejorar el drenaje de los suelos muchas veces se añade arena de río. Para que se note su efecto tiene que representar el 40% o más en la mezcla resultante. Por ejemplo, en un jardín de 100 m cuadrados y para un espesor de 50 cm, con 5 m cúbicos de arena de río pura solo aumentaría un 10% su proporción.

Aportar materia orgánica

La materia orgánica mejora la estructura y textura del suelo aumentando su esponjosidad. Abarca un amplio abanico de opciones, incluso subproductos de la industria, la agricultura o los residuos urbanos, que después de un correcto compostado quedan listos para ser incorporados al huerto o el jardín. Escoger uno u otro ­—compost, mantillo, humus de lombriz estiércol de herbívoros, guano de aves marinas, entre otros— dependerá de las condiciones del suelo, las plantas a cultivar, el precio y la disponibilidad, entre otros factores. Con la materia orgánica se genera un ciclo de descomposición y mineralización que promueve la vida de una infinidad de seres que enriquecen, remueven y airean la tierra.

Para fomentar y mantener las diferentes poblaciones que habitan el subsuelo es necesario un aporte generoso de materia orgánica al inicio, y un suministro periódico a lo largo de los años para mantener este ciclo constante.

Puesto que la materia orgánica aumenta la riqueza del suelo, cuando se trata de especies mediterráneas es importante tener en cuenta la proporción, ya que la alta fertilidad promueve un desarrollo excesivo de las plantas y una vida más corta.


Buenas prácticas para evitar la compactación del suelo

• No pisar el suelo húmedo o mojado

Cuando la tierra está húmeda tiene un comportamiento plástico y se deforma fácilmente sin que pueda recuperar el estado inicial, por lo tanto puede compactarse con facilidad si se pisa. Cuando un suelo ha sufrido esta alteración cuesta mucho recuperarlo.

• Acolchar con materia orgánica o grava

Una vez preparado el suelo, un acolchado o mulch impedirá la alteración o destrucción de la estructura por impacto del agua de la lluvia o el riego y por la acción de la radiación solar directa. El acolchado también frena el desplazamiento lateral del agua de escorrentía, dándole tiempo a infiltrarse en el terreno. Si es orgánica, esta capa protectora —corteza de pino, triturado de restos de poda, hojarasca, paja— puede proporcionar asimismo una fuente de alimento continuo y refugio para la fauna útil. Para las plantas mediterráneas, muchas de las cuales proceden de suelos pobres y drenantes, son preferibles los acolchados de grava, que no aumentan la fertilidad del suelo y son muy filtrantes. Lee Acolchados para proteger las plantas del calor (y del frío) en verdeesvida.es.

• Cubierta vegetal

Otra posibilidad, con cierta similitud con los acolchados, es implantar una cubierta vegetal, que además de proteger el suelo ante las lluvias, la radiación y el frío, proporciona cobijo y alimento a la fauna beneficiosa. Saca partido de la capacidad de algunas especies de desarrollar raíces profundas, que crean canales que ayudan a romper capas compactadas del terreno y bombean nutrientes desde las más profundas a las superficiales. Entre las especies más adaptables y vistosas, útiles para la fauna auxiliar y polinizadores, figuran la Calendula officinalis, el aciano (Centaurea cyanus), la amapola (Papaver rhoeas), la milenrama (Achillea millefolium), la borraja (Borago officinalis) y su pariente la Phacelia tanacetifolia, la zanahoria silvestre (Daucus carota), el aliso de mar (Lobularia maritima), la espuela de caballero (Consolida ajacis), la manzanilla o camomila (Chamaemelum nobile), el lino (Linum usitatissimum), hierbas aromáticas como el cilantro (Coriandrum sativum), gramíneas como la Melica ciliata, tréboles como el Trifolium incarnatum y el T. pratense, forrajeras como la mostaza blanca (Sinapis alba), la veza (Vicia sativa) y la alfalfa (Medicago sativa)...

Más información:

Abonos orgánicos: el reciclaje de la vida

Abonos orgánicos para revitalizar los suelos

  • SUDS y jardines de lluvia
    SUDS y jardines de lluvia

    Para gestionar las aguas pluviales favoreciendo su infiltración local y reducir el caudal que llega al alcantarillado se puede recurrir a los sistemas urbanos de drenaje sostenible (SUDS), que comprenden diferentes tipos de infraestructuras. Entre las más sencillas figuran los jardines de lluvia, zonas verdes hacia donde se deriva el agua de escorrentía, que permanace allí hasta infiltrarse en el terreno. Se dimensionan en función de los picos de precipitación previstos y de la superficie a cubrir. Consisten en una sucesión de capas de áridos para maximizar un buen drenaje e infiltración, desde grava en las más profundas, pasando por arenas, hasta tierra de cultivo en la superficie. Las plantas de estos jardines han de ser capaces de tolerar tanto los periodos de sequía como inundaciones temporales, como es el caso de los los juncos (Juncus spp.), los Tamarix spp., la adelfa (Nerium oleander), el Vitex agnus-castus y los sauces (Salix spp.), entre otras. En la foto, un jardín de lluvia plantado con gramíneas.
    Foto: Shutterstock

Reportaje completo nº 107 >> página 52