Alocasias y colocasias: espectaculares ‘orejas de elefante’
En algún momento, estas plantas capaces de producir hojas gigantes pertenecían a un mismo género. Su forma es prácticamente idéntica: grandes corazones verdes que pueden alcanzar ‘elefantiásicas’ dimensiones. Pero puestos a diferenciarlas, en las colocasias apuntan hacia abajo, y en las alocasias hacia arriba, aunque en su caso basta ver sus variedades para advertir que no siempre. Se pueden cultivar en interiores o en patios muy luminosos. Las colocasias también en jardines, incluso en las orillas de los estanques, donde no haga mucho frío.
El tamaño que pueden alcanzar las hojas de algunas alocasias y colocasias es tan impresionante que bien justifica buscarles un lugar en un invernadero, como es el caso de la Alocasia macrorrhizos (que además no precisa una maceta muy grande, foto 1, abajo), o en un jardín, como la Colocasia esculenta*, que Íñigo Segurola cultiva en Lur Garden, donde ha desarrollado hojas de casi un metro de diámetro.
El clima suave y húmedo de Oiartzun, Guipúzcoa, le sienta de maravilla a esta especie nativa de las regiones tropicales y subtropicales del sudeste asiático, Papúa Nueva Guinea y el norte de Australia, donde resiste incluso temperaturas de -10º. No es el caso de las alocasias, mucho menos rústicas, que en nuestras latitudes solo se pueden cultivar en un invernadero, un interior muy luminoso, o un patio protegido en las zonas libres de heladas.
Alocasias: mucho más que hojas grandes
No todas las alocasias emiten hojas gigantes, pero a dada su alta variabilidad, sus numerosas especies, variedades y formas brindan un extraordinario repertorio alternativo: en los limbos foliares en forma de corazón, de flecha (sagitados), con una punta que recuerda al aguijón de una mantarraya, como en la Alocasia macrorrhizos ‘Stingray’, incluso con márgenes ondulados como en la Alocasia lauterbachiana o la popular Alocasia x amazonica*, cuyas nervaduras blancas se dibujan sobre un fondo verdeazul. Incluso los tallos pueden lucir variegaciones, como los acebrados de la Alocasia zebrina (ver ficha).
Las alocasias solo se deben regar cuando el sustrato se perciba seco, más generosamente en verano y con parquedad en invierno, evitando siempre el encharcamiento. La humedad ambiental las defiende de la araña roja, su gran enemigo. Se abonan como todas las plantas verdes que se cultivan en interior.
Alocasias y colocasias deben manipularse con guantes ya que su savia es irritante.
Colocasias: del verde a los púrpuras
Las colocasias, en cambio, precisan que el suelo permanezca húmedo; incluso pueden vivir en las orillas pantanosas de los estanques. El suelo debe ser rico, y la aportación generosa de abono orgánico al final del invierno la ayuda a producir hojas más grandes. En Lur Garden, la Colocasia esculenta no solo emite hojas gigantes, también flores (espatas) de una fragancia tan fugaz como intensa. La ‘Pink China’ luce tallos rosados, y la ‘Hawaiian Blue’, pecíolos y nervios burdeos. Un púrpura aterciopelado reviste por completo la ‘Black Magic’, y es intenso y brillante en la ‘Black Coral’.
* Cuenta con el Award of Garden Merit (AGM) de la Royal Horticultural Society.







