Verde es Vida nº95
44 verdeesvida GRANDES JARDINES del siglo XIX dando lugar a una amplia pra- dera central rodeada por un camino peri- metral y plantada con árboles ornamentales y rosales sobre estructuras, aspecto que se ha mantenido hasta la actualidad. La de- molición entre 1850 y 1864 de los edificios y tapias que flanqueaban el patio de entrada permitió la construcción de sendas escaleras en forma de herradura a ambos lados de la fachada del palacio, lo que facilitó la unión entre el jardín delantero y los planos eleva- dos del jardín posterior. El jardín principal no fue ajeno a estos cambios y fue alterado su trazado formal con la aparición de sende- ros sinuosos y plantación dispersa. Forestier recupera los orígenes Como los movimientos artísticos tienen algo de pendular y todo vuelve, será a comienzos del siglo XX con la intervención del paisajis- ta francés Nicolas Forestier en 1916 cuando el jardín bajo recupere un aspecto más pro- pio del momento que vio nacer el palacio. Forestier trazará un parterre de bordado en- tre la fachada del palacio y la fuente de már- mol, a la que enmarcará en una plaza ovala- da desde la que parte un tridente rodeado de platabandas de flores y tejos tallados. El palacio fue bombardeado e incendiado en el año 1936 en el transcurso de la Guerra Civil pero el jardín no sufrió grandes daños. De su restauración se encargaron el arqui- tecto inglés Sir Edwin Lutyens y Manuel Cabanyes, al que debemos la última inter- vención en el jardín con la transformación de la antigua huerta del ángulo noroeste en un área de piscina en forma de riñón, tal vez una de las primeras de esta tipología en Ma- drid, y una zona de vestuarios y solario. Hasta aquí unas pinceladas de la historia del jardín, un espacio verde y privilegiado en el centro capitalino que ha acogido los avatares y solaces de los duques de Berwick y Alba. Lugar de esparcimiento en soledad y sociedad, paisaje verde que contemplar desde sus salones, idealmente natural el del lado sur y formal y barroco el del norte. Jar- dín de contemplación, meditación, paseos, juegos, bodas y fiestas. Jardín de melancolía y recuerdo manifestado en su extraordi- nario cementerio de perros, enterrados en urnas de mármol a lo largo de un paseo a la sombra de los castaños de Indias, donde seguir compartiendo sus recuerdos como parte indiscutible de la familia. Y esas vivencias, con sus alegrías y pesa- res, en las praderas bajo los inmensos ce- dros, en los paseos con los castaños acom- pañados por estatuas, bajo las sombras que se cuelan en la pérgola entre el perfume de los racimos de las glicinas en flor, el intenso color de las rosas y ese jugueteo de un niño de mármol en su barquita son los que con- figuran ese corazón verde de Liria, o lo que podríamos llamar su Alma. Las pequeñas tumbas de mármol de los perros de la Casa de Alba se alinean bajo los castaños de Indias. Venus bañándose al sol en el jardín de rosas. Detrás, el telón burdeos de una gigantesca Partheno- cissus quinquefolia.
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