BUSCA TU CENTRO DE JARDINERÍA MÁS CERCANO

Gráciles hesperaloes para los jardines de (muy) bajo riego

En la paleta de especies xerófitas, el Hesperaloe parviflora ofrece algo que ninguno de sus parientes, las yucas y ágaves, pueden igualar: la tonalidad coral de sus flores, diminutas pero abundantes, agrupadas en racimos al cabo de largos tallos. El color recuerda a las de los aloes, pero se elevan sobre grandes rosetas de aire ligero, formadas por hojas largas y delgadas. Nativos de los desiertos y regiones semiáridas del norte de México y Texas, los hesperaloes están hechos para el sol más intenso, las altas temperaturas, la escasez de agua, e incluso la salinidad y el frío seco.

Las largas, delgadas y fibrosas hojas del Hesperaloe parviflora conforman densas rosetas de 90-150 cm de altura. Foto: iStock

Desde mediados de la primavera a mediados del verano, los esbeltos racimos florales de color coral del Hesperaloe parviflora dan el relevo a los de los aloes en la gama tonal cálida de las flores. La llamada falsa yuca de flor roja produce inflorescencias de aire silvestre formadas por florecillas tubulares, minúsculas campanitas repletas de néctar a pedir de boca de sus principales polinizadores, los colibríes, en sus zonas de origen del norte de México y Texas. A falta de colibríes, las mariposas y abejas se ocupan de asegurar su habitualmente generosa emisión de semillas dentro de cápsulas leñosas que se abren como las de los pistachos.

El éxito de esta planta en la xerojardinería y los jardines de bajo riego ha propiciado la introducción de hesperaloes de flor amarilla (‘Yellow Sun’ o ‘Aurea’), color mantequilla (‘Buttercup’), o blanco verdoso en el caso del Hesperaloe funifera (abajo). Los racimos florales se ramifican en el extremo de varas muy largas y flexibles, creando flashes de color suspensos a gran altura sobre las matas.

Estos subarbustos suculentos están formados por fibrosas hojas perennes, estrechas y largas —60-100 cm—, que se arquean dándoles a las matas una silueta redondeada. Los márgenes son lisos, sin dientes, y suelen lucir pelos blancos ensortijados. En las zonas con inviernos fríos adquieren tonos rojizos.

En jardines de bajo riego y macetas

Los hesperaloes son plantas de bajo mantenimiento y fácil cultivo. Resisten sin dificultad la falta de agua, aunque agradecen algo de riego en verano. Adoran el pleno sol, pero se adaptan a la semisombra, y toleran las altas temperaturas así como el frío (incluso hasta -18º, aseguran viveristas estadounidenses). No suelen sufrir plagas o enfermedades.

La clave de su cultivo es garantizarles un drenaje óptimo, ya sea en el suelo del jardín o los contenedores, para evitar el exceso de agua a nivel de las raíces. Por sus hábitats nativos están acostumbrados a los sustratos secos, pobres, arenosos y rocosos. Suele crecer en las planicies desérticas, praderas, laderas rocosas y bosquecillos caducifolios de mezquites del enorme desierto de Chihuahua, que se extiende desde el oeste de Texas hasta el noreste de México. En Arizona y Nuevo México es habitual verlo en las aceras, lo que revela su tolerancia a las condiciones urbanas.


En los jardines de aridez de Ossart y Maurières

Entre las plantas óptimas para entornos áridos que Éric Ossart y Arnaud Maurières incluyen en sus proyectos del sur de Marruecos figura el Hesperaloe paviflora. “Lo utilizamos en nuestros jardines de Tarudant por varias razones: soporta muy bien los suelos calizos, no requiere mucho riego, aguanta las olas de calor y no se ve afectado incluso por temperaturas de 50°”, dice Éric Ossart. Es una planta de clima de olivar, en la categorización de los paisajistas franceses, con una rusticidad de -12°.

“Tal vez el único inconveniente sea su lento crecimiento: puede tardar hasta tres años por lo menos para empezar a dar flor”, señala. A cambio, su longevidad es muy alta. Lo multiplican por semillas: “Las produce en abundancia y son muy fáciles de sembrar. Esto nos permite plantarlos en grandes masas, que es como lucen al máximo”. En sus célebres estepas cosmopolitas aparecen mezclados con ágaves, cactáceas mexicanas y suculentas sudafricanas, como la Portulacaria afra, o malgaches, como la Euphorbia stenoclada. Si disfrutan de algo de riego en verano y un suelo enriquecido con compost, el aspecto de los ejemplares gana y su ritmo de desarrollo aumenta.


El hesperaloe gigante

Hesperaloe gigante, el nombre popular del Hesperaloe funifera, alude a las dimensiones de las rosetas, cuyas hojas pueden alargarse hasta dos metros. Pero, además, se distingue del parviflora por el color y el tamaño de sus flores: blancas y verdosas, a menudo con matices púrpuras, de unos 2,5 cm de diámetro, que emite en primavera agrupadas en el extremo de varas que pueden alcanzar 2,5 m. Es nativa de las laderas rocosas y llanos de las zonas áridas y semiáridas del norte México y el sudoeste de Texas, y también soporta el ambiente salino.

  • Hesperaloe parviflora en un jardĂ­n
    Hesperaloe parviflora en un jardĂ­n

    Hesperaloe parviflora en flor en el jardín de Dar Emdoukal, creado por los paisajistas Éric Ossart y Arnaud Maurières en Tarudant, en el sur de Marruecos. Comparte espacio con Agave sisalana, Portulacaria afra, Euphorbia stenoclada (detrás) y diversas cactáceas.
    Foto: Hasna M.

  • Pequeñas flores de color coral
    Pequeñas flores de color coral

    Pequeñas flores tubulares de tono rojo coral se abren en el extremo de las varas, reunidas en racimos que se ramifican.
    Foto: Siddarth Machado

  • Hesperaloe gigante
    Hesperaloe gigante

    En el Hesperaloe funifera, las flores son blancas o verdosas y los tallos pueden alcanzar 2,5 m de altura.
    Foto: Univers¡ty of Arizona Arboretum