Caladios: corazones a todo color

Imprimir Imprimir  |  Enviar Enviar  | 

Caladios: corazones a todo color

Corazones por la forma. Y paletas de pintor por sus colores en innumerables combinaciones y dibujos. Oriundos de las selvas tropicales de América, los caladios se han hecho un sitio en los jardines de interior gracias a sus variedades, que han mutiplicado por mil el atractivo de sus grandes hojas.

Sí, existen unas mil variedades de Caladium bicolor o Caladium x hortulanum, obtenidas a partir de las especies que crecen de forma natural en las riberas de los ríos y áreas abiertas de las selvas de la Amazonia brasileña, las Guayanas y América Central.

 

Los caladios resultan espectaculares en alineaciones de tiestos con ejemplares de una única variedad, o en tiestos combinados más tropicales de varios cultivares en contraste.
Pertenecen a la gran familia de las aráceas, lo que los emparenta con las alocasias, filodendros y xhantosomas. Los caladios son herbáceas perennes provistas de raíces tuberosas de las que surgen las hojas en el extremo de largos tallos que forman matas abiertas y muy armónicas.

 

Las hojas son perennes y pueden alcanzar los 60 centímetros de largo. Según la variedad pueden tener forma de oreja (elephant ear los llaman los anglosajones), corazón (de ahí otro de sus nombres comunes: corazón de Jesús) o sagitada. Exhiben nervaduras de colores muy variados, que destacan sobre la paleta en que han convertido la Naturaleza y los obtentores el haz de las hojas: verde, blanca, roja, rosa, púrpura, más uniforme o con pequeñas salpicaduras de color en una suerte de dripping expresionista. En su medio natural, las hojas desaparecen durante la estación seca, el periodo de reposo. Las flores son insignificantes espatas verdosas que se pierden entre el follaje.

 

Los caladios que encontrarás en los centros de jardinería son en su mayoría híbridos obtenidos del cruce de Caladium bicolor, Caladium picturatumCaladium schonburgkii, este último más resistente al cultivo a pleno sol. Existen también variedades enanas que no superan los 40 centímetros de altura.

 

Resultan espectaculares en alineaciones de tiestos con ejemplares de una única variedad, o en ornamentaciones más tropicales de varios cultivares en contraste. Los caladios generan una especial pasión coleccionista en Florida, EEUU, donde todos los años se celebra en agosto un festival en la localidad de Lake Placid.

 

 

CÓMO TRATAR A UN CALADIO

Si se cultiva en el interior, el caladio exige:

• Luz: Un ambiente muy luminoso, pero fuera de los rayos del sol, que produce quemaduras en las hojas.

• Temperatura: Lo ideal es una temperatura constante en torno a los 20-21º, sin grandes oscilaciones entre el día y la noche. Por debajo de los 15º empieza a sufrir, y dada su nula rusticidad (USDA 11, la más baja), puede morir si el termómetro baja de 5º. Tampoco soporta las corrientes de aire.

• Humedad ambiental: Necesita una atmósfera muy húmeda, que habrá que procurarle colocando cerca un humidificador. No se deben mojar las hojas ni utilizar abrillantador.

• Riego: Han de ser frecuentes y con agua tibia (preferiblemente libre de cal), pero evitando que se produzcan encharcamientos. Sus tubérculos son sensibles a la pudrición. Durante la época de crecimiento vegetativo no debe secarse el sustrato.

• Sustrato: Los caladios precisan una tierra fértil, ligeramente ácida (pH 5,5-6,5) y suelta para impedir el encharcamiento.

• Abono: En primavera y verano agradecerán un aporte de fertilizante líquido cada 15 días.

• Época de plantación: El mejor momento para plantar los caladios es al final del invierno, cuando salen del período de reposo.

• Multiplicación: En febrero o marzo, dividiendo los pequeños tubérculos que se forman alrededor de los tubérculos maduros. Se colocan entre dos o tres por maceta, que habrá que llevar a un sitio cálido (entre 20º y 27º); deben iniciarse los riegos poco a poco.

• Plagas y enfermedades: Es sensible a los ataques de la araña roja (descubrirás sus leves telas en el envés de las hojas), cuya presencia se ve favorecida por los ambientes muy secos. Se debe controlar mediante un acaricida.

• Si se secan las hojas: Deben podarse al ras y disminuir los riegos. Al cabo de los meses surgirán hojas nuevas de los tubérculos.

• Toxicidad: Los caladios son plantas venenosas para hombres y animales. La savia provoca irritación en la piel y las mucosas, y la ingestión produce en pocos minutos un edema en las vías respiratorias.

 

Si se cultiva al aire libre:

En las zonas más cálidas de España (Andalucía y Canarias) puede cultivarse en galerías y patios, siempre que se le procure humedad ambiental, o en un jardín, a la sombra, donde destacará por su color. Los tubérculos pueden dejarse en la tierra o extraerse cuando la temperatura baje de 18º y guardarse en un lugar oscuro y fresco hasta el momento de volver a plantarlos.


Más información:

• www.caladiumsonline.com (en inglés)

En las grandes hojas de los caladios, los colores se combinan en patrones muy atractivos. Hoy existen unas mil variedades de estas plantas de origen tropical. Copyright: Pinké

La reina blanca

La reina blanca

Caladium bicolor ‘White Queen’, con marcadas nervaduras rojas sobre la faz casi blanca de las hojas. Foto: Kevin OQ

En buena convivencia

En buena convivencia

La combinación de colores de las hojas de los caladios de distintas variedades resulta muy atractiva. Conviven a la perfección en un mismo tiesto, que se convierte así en un foco cromático capaz de animar cualquier rincón anodino. Foto: Natalie Maynor

La novia de Florida

La novia de Florida

Hojas pequeñas (30-35 centímetros), forma de corazón y una combinación de tonos rosados. El nombre, Caladium ‘Florida Sweetheart’. Foto: Timothy Wildley

Reportaje completo

nº 66 >>
página 30

verdeesvida nº 66