Azaleas y rododendros: ¡viva el color!

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Azaleas y rododendros: ¡viva el color!

En las zonas de climas húmedos y templados, los rododendros y azaleas viven en los jardines a sus anchas y forman en primavera espectaculares macizos de flores. Es el caso de los jardines japoneses, donde aun en invierno cumplen una función ornamental, ya que los rododendros son de follaje persistente. Las azaleas, en cambio, pueden conservar o perder las hojas, según la variedad y el clima.

Azaleas y rododendros son arbustos del género Rhododendron, de la familia de las ericáceas. Destacan por la belleza de sus flores agrupadas en inflorescencias de colores muy variados y llamativos. Cuando Linneo creó el grupo botánico Rhododendron separó las azaleas de los rododendros, es decir constituían en principio dos géneros distintos, pero a partir del siglo XIX se llegó a la conclusión de que no debían mantenerse aparte. Hoy, género Rhododendron presenta ocho divisiones, dos de ellas azaleas.

 

Las raíces de azaleas y rododendros son sensibles a la vez a la sequía y al exceso de riego. Estas plantas exigen un suelo ácido, rico y que drene bien.
El género Rhododendron, ampliamente extendido en la naturaleza, comprende ocho divisiones, dos de las cuales son las azaleas. Prácticamente todos los cultivares que se venden en los centros de jardinería proceden de plantas nativas del Lejano Oriente, especialmente de China, el norte de la India, Japón... pero también de especies originarias de Norteamérica.

 

Enanas o del tamaño de un árbol

El tamaño de estos arbustos varía entre formas enanas de apenas unos centímetros y tamaños arbóreos de hasta diez metros de altura. A lo largo de la primavera, los rododendros y azaleas florecen espectacularmente del blanco al violeta pasando por todas las tonalidades del rosa. Los colores amarillos y naranjas son menos frecuentes pero muy bellos. Las flores pueden ser simples, dobles o semidobles, según la especie. No son olorosas, salvo excepciones, entre las cuales merece una mención especial el Rhododendron luteum, de flores amarillas muy fragantes.

 

La mayoría de estos arbustos tienen hojas perennes (rododendros en general), semiperennes o caducas (azaleas en general), elípticas, ovaladas o lanceoladas, de tamaño variable y color verde medio a verde oscuro. Solamente las azaleas de hojas caducas y ciertos rododendros de origen alpino pierden sus hojas en invierno. Las azaleas caducas son muy apreciadas tanto por su espectacular floración como por los tonos dorados y broncíneos de sus hojas en otoño.

 

Las azaleas perennifolias proceden de Japón y se introdujeron en Europa en el siglo XIX; se utilizaron principalmente en decoración de interiores e invernaderos. Son más fáciles de propagar que las azaleas caducas y presentan la particularidad de emitir hojas diferentes en forma y color, dos veces al año.

 

Las dos reglas de oro del cultivo

Para cultivar azaleas y rododendros hay dos reglas de oro: la elección del emplazamiento adecuado y la preparación del suelo donde se va a plantar el ejemplar.

 

• Los rododendros perennes de hojas grandes prefieren los lugares en semisombra, pero existen algunos que soportan una exposición a pleno sol, especialmente en las zonas de clima frío. Se debería evitar un sol muy directo, incluso en invierno, ya que este tipo de arbustos corre el riesgo de deshidratarse, las hojas amarillear y cubrirse de manchas marrones en las zonas expuestas. Por tanto aprecian un sombreado ligero, al abrigo de árboles con raíces profundas, que no produzcan una sombra muy intensa. Una fachada orientada al norte es ideal para su cultivo, con la condición de que esté protegida del viento: los rododendros y azaleas aprecian los espacios aireados pero de ninguna manera los vientos fríos continuos, que desecan mucho.


• Son muy exigentes con la calidad del suelo, como todas las ericáceas o acidófilas. Su sistema radicular está formado por raíces superficiales muy finas, sensibles a la vez a la sequía y al exceso de agua. Por lo tanto requieren un suelo aireado, bien drenado y rico en materia orgánica. Estas plantas prefieren los suelos ácidos y rechazan los calcáreos aunque solo lo sean en pequeña cantidad. Incluso acusan la cal del agua de riego (la de lluvia es la mejor para ellas). El Ph del suelo no debe ser superior a 5,5.

 

• Si el suelo es muy arenoso habrá que incorporar al hoyo de plantación (que debe ser bastante grande) tierra de brezo o de castaño (la encontrarás en el área de sustratos de tu centro de jardinería).

 

• Si el suelo es arcilloso será necesario mezclar el sustrato para plantas ácidas con arena de grano grueso para favorecer el drenaje.

 

La plantación, en primavera

Una buena época para plantar las azaleas y rododendros es la primavera, incluso cuando están en plena floración. Antes de efectuar esta operación es esencial comprobar que el sistema radicular esté intacto y el cepellón húmedo; la planta debe presentar un aspecto sano y compacto.

 

Una vez elegido el emplazamiento ideal, hay que cavar un hoyo profundo si el suelo no es muy apropiado para este tipo de plantas, así se podrá enmendar con la mezcla de tierra adecuada. Hecho el hoyo, una medida de precaución es echar agua en el interior: si no desaparece en unas 2 horas es porque el suelo no drena bien; en ese caso habrá que elegir otro lugar. Si todo ha ido bien se añade una capa de gravilla en el fondo para aumentar el drenaje. En el momento de introducir el cepellón en el hoyo hay que cuidar que la base o cuello de los tallos principales quede a ras del suelo, nunca por debajo. Después se rellenan los huecos con el sustrato y se compacta con cuidado.

 

En el primer año de plantados es conveniente dotar a estos arbustos de una buena protección invernal. El acolchado asegura una buena protección de las finas raíces superficiales de los rododendros y preserva la humedad del suelo; también evita la aparición de malas hierbas que absorben los nutrientes.

 

El riego y las plagas

En el período de crecimiento y en los meses de junio y julio los riegos deben ser abundantes. Pero en agosto, cuando la planta se lignifica y prepara sus botones florales para la siguiente temporada, el riego debe reducirse para favorecer el endurecimiento de los capullos y para no estimular el crecimiento de las partes verdes de la planta de cara al invierno.

 

El riego en exceso produce el encharcamiento del suelo y la infección de las raíces con phytophthora, un hongo letal. Otras enfermedades que afectan a estas acidófilas son la roya y el míldiu, que al igual que la phytophthora, habrá que tratar con fungicidas.

 

Entre las plagas, suelen sufrir a los thrips, insectos chupadores que atacan los capullos, y que se tratan con insecticida.


Las azaleas y rododendros no se podan

Como en la mayoría de las ericáceas, la poda no es necesaria. En muchas especies incluso está desaconsejada, puesto que las ramas cortadas no producirán flores en los siguientes dos años. Las ramas mal orientadas, dañadas, envejecidas y con falta de estética pueden cortarse según sea necesario. En las azaleas de hojas caducas se podan las ramas de la base de la planta para que nazcan las nuevas y el ejemplar se vaya renovando y manteniéndose compacto.

 

Las flores marchitas de los rododendros se deben pinzar, pero con cuidado de no dañar los brotes nuevos.

 

Azaleas y rododendros se propagan por semillado a finales de otoño en cama caliente; por esquejes de tallo blando que se toman al final de la primavera o principios del verano, o por acodo de las ramas cercanas al suelo.

 

 

VARIEDADES INTERESANTES

Existen cientos de especies e híbridos de rododendros, que de distinguen por sus diferentes tonalidades y porte:

• Rhododendron ‘Britannia’, de flores rojas.

• R. ‘Pink Pearl’, de flores rosadas.
R. ‘Sapho’, de flores blancas.
R. kiusianum, de flores blancas y porte pequeño.
R. indicum, variedad enana.
R. yakushimanum, de porte medio y flores rosa púrpura.
R. ‘Cécile’, azalea caducifolia de flores rosas.
R. mollis, azalea caducifolia muy popular, con flores de tonos amarillos y anaranjados.
R. kurume ‘Orange beauty’, azalea perennifolia que da flores de un intenso color anaranjado.


Información relacionada:

• Un jardín de acidófilas, Verde es Vida nº59, páginas 50-53 (ver en la web).

Los rododendros son grandes estrellas de los jardines umbrosos y los sustratos ácidos, donde despliegan su espectacular floración. Abajo, en buena compañía de otras acidófilas, como el pieris, en el Botánico de Madrid. Copyright: Ambersky235 y M. Losseau

Plantas con las que conviven bien

Plantas con las que conviven bien

Las azaleas y rododendros son especies de sotobosque que necesitan su espacio, y que al carecer de un sistema radicular profundo no les gusta la compañía de plantas que enraícen superficialmente como ellas porque competirán por la misma capa del suelo y las privarán de humedad y nutrientes.
Hay una serie de plantas acidófilas como las kalmias, astilbes, andrómedas, ericas, callunas, camelias y pieris, que pueden conformar junto a ellas un agradable foco de atención si se plantan a la distancia apropiada.

Las azaleas de interior

• Las flores de las azaleas perennes de jardín aparecen en primavera, pero gracias a un forzado de la planta, sometida a unas condiciones muy particulares de cultivo, se consiguen ejemplares que florecen en invierno y resultan muy apropiados para dar notas de color en el interior de las casas.

• Para que duren más tiempo en floración, lo mejor es colocarlas en un sitio luminoso, pero sin sol directo. No hay que dejar que se seque la tierra y se les debe proporcionar un lugar fresco y con humedad elevada.

• Cuando se marchiten las flores deben ser eliminadas utilizando la técnica del pinzado para que vuelva a florecer.

• Una vez que pase el invierno se pueden sacar al exterior a un lugar protegido en semisombra; en otoño se deben volver a introducir en el interior.

• Una última curiosidad: los bellos rododendros son plantas tóxicas que contienen en sus hojas un glucósido fuertemente emético (provoca vómitos).

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verdeesvida nº 51