Secretos del ‘idioma gato’

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Secretos del ‘idioma gato’

Cuando ronronea, pero también cuando se pone tenso y busca zafarse de tus brazos. Cuando cumple sus rituales de comunicación contigo, pero también cuando bufa. Con todos estos gestos y actitudes el gato está hablando. Saber interpretarlos es esencial para mantener la mejor relación con él.

“Los gatos son muy suyos”: la frase no por tópica es menos cierta. El gato ha padecido y padece la eterna comparación con el incondicional perro. Sin embargo hoy en día reina en muchas casas. Y decimos reina con todas las letras: la territorialidad, el sentirse propietario de lo que le rodea, es una de las características del gato y la clave de gran parte de sus comportamientos.

 

La territorialidad, el sentirse propietario de lo que le rodea, es una de las características del gato y la clave de gran parte de sus comportamientos.
Comprender ese rasgo de su personalidad y otros tantos que lo hacen tan singular, saber que está diciendo el gato con sus actitudes y comportamientos, y cómo hablarle para que se conduzca de una manera determinada, contribuirá a una buena y feliz convivencia. El primer Mini Diccionario bilingüe Español/Gato Gato/Español, firmado por el veterinario Jean Cuvelier, ayuda a decodificar el idioma gato y, en el sentido inverso, a saber cómo explicarle las cosas.

 

“¿Que por qué me pongo furioso?”

Haberlo separado demasiado pronto de la madre (ver La escuela de mamá gata en la columna de la derecha), la falta de socialización —cuanto más personas distintas hayan interactuado con el minino desde pequeño, más tolerante será al contacto y mejor se relacionará con los diversos humanos, incluidos los niños—, el no haberle enseñado a tiempo a controlar arañazos y mordeduras, pero también la falta de espacio vital, típico de un piso pequeño, la superpoblación, o la ausencia de actividad, pueden explicar la agresividad de un gato.

 

Pero como en otros órdenes de la vida, las hostilidades, en este caso la furia gatuna con bufidos, mordeduras y arañazos, suele producirse cuando la diplomacia y otras estrategias han fracasado. La agresión más peligrosa es la que deriva de una situación de miedo: ocurre cuando el animal se siente amenazado por un agresor, real o imaginario —alguien que intenta jugar apuntándolo por ejemplo con un palo o un plumero—, que ha franqueado una distancia crítica y se siente sin escapatoria posible. Para evitar una situación así es necesario dejarle siempre una salida para que pueda huir.

 

“No quiero ser amigo del gato de tus amigos”

El que tus amigos tengan gato no significa que ellos quieran, o puedan, ser amigos también. El carácter territorial del gato es en este caso determinante: felino al fin, el gato no admite, en principio, ningún intruso en su espacio. Lo más probable es que ambos se observen fijamente a distancia y suelten algún bufido a la espera de que el invasor se retire. El gato prefiere ser el único habitante de lo que él considera su territorio. Si es obligado a admitir a otro animal, algo que nunca hará de buena gana, al comienzo se producirán escaramuzas, pero al cabo de algunas semanas acabarán por establecer un pacto de no agresión para compartir el espacio. Pero también puede ocurrir que nunca congenien y “se distinga claramente un agresor y un agredido”, dice el diccionario. “El primero, ansioso, vigila constantemente al otro y lo rechaza de una parte del territorio. El otro, igualmente nervioso, e incluso deprimido, no sale de escondite salvo en ausencia del primero”.

 

“En esta casa nueva me siento un exiliado”

Te has cambiado de casa, has desechado los muebles viejos y has traído unos nuevos, o te has ido de vacaciones y te has llevado contigo al gato... Un animal tan apegado a su territorio llega a un sitio totalmente nuevo sin olores reconocibles: “He perdido todas mis referencias”, siente el animal. Los menos civilizados puede que busquen hacer nuevos marcajes mediante la orina o arañando los muebles y paredes. “Si el amo no ayuda al gato a encontrar sus marcas, y además lo castiga, ese estado de estrés normalmente pasajero puede convertirse en una verdadera ansiedad”, dice el diccionario. La recomendación es empezar dejándolo en una habitación con sus objetos favoritos para que empiece demarcando un territorio pequeño. Rociar los sitios principales con un aerosol de feromonas faciales tranquilizantes permitirá ayudarlo a encontrar sus marcas.


Más información:

Mini Diccionario bilingüe Español/Gato Gato/Español, 160 palabras para hablar perro con fluidez (Vox).

El gato es una mascota cariñosa, pero no admite ser tratado como un juguete. Los niños deben aprender a detectar sus señales. Copyright: iStockphoto / Ehaurylik

La escuela de mamá gata

La escuela de mamá gata

Las enseñanzas de mamá gata son importantísimas, sobre todo cara a las relaciones de los gatos con sus congéneres. Durante los juegos con su madre y sus hermanos, el gatito aprende “los rituales de comunicación propios de su especie, que facilitan las relaciones entre individuos, evitan confusiones y limitan los conflictos”, cuenta el diccionario. Por ello, los que son separados de la gata muy precozmente a menudo tienen carencias en el aprendizaje del idioma gato-gato, lo que les deja sin los conocimientos necesarios para saber comunicarse con otros mininos y más riesgo de verse en problemas.
Además, durante la crianza, la gata corrige la tendencia del gatito a morder y a arañar dándole pequeños golpes en la nariz con la pata... algo que también puede hacer suavemente el amo para enseñarle que tal comportamiento no es de recibo.
Foto: iStockphoto / Flibustier

“¡Ya no quiero más caricias!”

“¡Ya no quiero más caricias!”

Tu gato está en tus brazos tan a gusto ronroneando mientras lo acaricias. Pero de pronto se pone rígido, aparta la cara (como en la foto) y empieza a mover enérgicamente la cola. Primer aviso: te está diciendo que ya no quiere más mimos. Si no le sueltas puede que acabe irritándose y reaccionando con impaciencia soltando directamente un mordisco. Cada gato tiene su umbral de tolerancia y no queda más remedio que aceptarlo. Si ha recibido caricias desde pequeño (antes de las nueve semanas) seguramente disfrutará y tolerará más los mimos. Ahora bien, no todas las caricias son bien aceptadas. El minino apreciará que le rasques en las mejillas, la cabeza, debajo de la mandíbula, en los flancos... ¿Mimos en la barriga o a contrapelo? ¡Solo para gente de mucha confianza!
Foto: iStockphoto / ArtMarie

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verdeesvida nº 73