Carpas ‘koi’, reinas del agua

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Carpas ‘koi’, reinas del agua

Son los más bellos entre los peces ornamentales por sus manchas de colores vivos y contrastados. En Japón, donde reinan en los estanques de los jardines, alcanzan cotizaciones asombrosas: algunos ejemplares se cotizan por encima de los 100.000 dólares, según la rareza de sus dibujos. 

Son lo más parecido a una mascota en el mundo de los peces decorativos o de compañía: si están bien cuidadas, las carpas koi se acercan dócilmente a la gente y comen de su mano. Pero la principal causa de su fama salta a la vista: sus espectaculares manchas de colores, generalmente combinados con el blanco, desde los anaranjados al rojo sangre, pasando por los dorados y plateados más o menos brillantes, el negro azabache, el amarillo limón o canario, y distintos grados de azul...

 

También existen ejemplares monocromos. Esta impresionante paleta, solo comparable a la de los peces de arrecife, atrae a los paseantes de jardín como un espectáculo de fuegos artificiales. Eso sí, la crianza y el hábitat tienen que ser propicios para que no se apague la intensidad de sus manchas y alcancen 80 a 90 centímetros de largo. Así, pueden vivir muchos años.

 

Las ‘koi’ soportan el agua fría, pero prefieren los 17 a 24 grados. Son muy longevas si el hábitat es apropiado.
Aunque pueden criarse en un acuario cuando son jóvenes, el pez adulto es fauna de estanque, sea natural o de obra convenientemente acondicionado. Son animales que resisten bien las bajas temperaturas (incluso con la superficie del agua helada) mediante la reducción drástica de la movilidad y la respiración, pero de verdad están a gusto y despliegan toda su coreografía en un hábitat templado, de 17º a 24º. Por encima de esta temperatura, la escasez de oxígeno las vuelve más agresivas. También puede asomar ese comportamiento si se disputan el espacio con demasiados congéneres.

 

Qué condiciones exigen

Las condiciones del agua deben mantenerse en parámetros normales de acidez y dureza: pH en torno al 7,8 y dH (concentración de calcio y magnesio) de 12º (el tipo de rocas del lecho es el principal responsable de esta característica).

 

Las koi tampoco tienen remilgos con la alimentación. Buena parte de su dieta es natural y la proporcionan los insectos y las algas que tapizan el suelo en los estanques al aire libre, aunque claramente son más vegetarianas que carnívoras. No obstante, conviene completar el menú con piensos preparados en forma de escamas o de palitos deshidratados que no enturbien el agua. En épocas de calor, cuando tienen más apetito, basta con alimentarlas cada dos días. No es recomendable echarles más alimento del que consumen porque pueden proliferar compuestos nitrogenados, que reducen la concentración de oxígeno en el agua. La comida tiene que ver con otro de sus llamativos rasgos anatómicos: los bigotes junto a la boca, que usan como órganos táctiles para localizar el alimento. Bien nutridas, las koi crecen un par de centímetros al año.

 

La reproducción

Estas carpas se reproducen naturalmente sin problemas cuando alcanzan los 25 centímetros, y entre los tres y los seis años de edad las puestas son más numerosas. Muchos aficionados asisten los cruces para combinar o seleccionar su cromatismo. Distinguir el sexo exige observación: las hembras son más pequeñas y redondeadas en la zona del vientre. Los machos, de tonos más brillantes, son pendencieros y van detrás de ellas especialmente en verano.

 

Si la prole de alevines es muy numerosa conviene pasarlos a un acuario con agua neutra entre 17º y 20º y algunas plantas flotantes. Existen preparados alimenticios especiales para esta fase. Cuando alcanzan los dos meses y unos cinco centímetros, pueden mudarse al estanque.

 

Las koi son bastante resistentes a las enfermedades, que por lo general aparecen cuando el pez está estresado por culpa del agua, la alimentación, una excesiva densidad poblacional, demasiada manipulación, objetos con aristas en el sustrato del estanque... Por eso más vale prevenir y consultar al especialista si surge un problema a pesar de las precauciones. A menudo las enfermedades se deben a hongos o bacterias que proliferan en heridas o rozaduras cuando las condiciones del hábitat no son idóneas.


 

Los colores de las carpas ‘koi’, las verdaderas estrellas de los estanques, solo son comparables a los de los peces de arrecife. Abajo, una ‘asagi’, una de las más apreciadas por su lomo con dibujos azules. Copyright: Emilio Labrador y Randychiu

Talismanes vivientes

Talismanes vivientes

En los jardines japoneses, más que un elemento ornamental, las carpas ‘koi’ suscitan pasiones, hasta el punto de ser consideradas el pez nacional de Japón. Su crianza es comparable a la de los perros de pedigrí o los caballos purasangre. Algunos ejemplares se cotizan por encima de los 100.000 dólares, según la rareza de sus manchas.

No obstante, las ‘koi’ (palabra que en japonés también suena como amor o afecto) no proceden de Japón sino de China, de donde llegaron a principios del siglo XIX. Fueron los campesinos nipones quienes empezaron a seleccionar los ejemplares más coloridos precisamente porque eran más vulnerables a los depredadores. En apenas unas décadas su crianza y su uso en los jardines llegó al palacio de los emperadores. Para los japoneses, las carpas ‘koi’ son un talismán viviente, símbolo de buena fortuna.

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verdeesvida nº 54